Ultralight 06

Segunda piel. Un objeto siempre pertenece a un sujeto, y a menudo, eso representa la externalización del deseo personal de comunicar y expresar su propia identidad, de una manera única e irreprimible. El sujeto en el deseo de tatuar su piel tiene la intención de marcar su cuerpo con símbolos significantes e identificables indelebles: expresa su ser y su esencia. ¿Por qué en frente a esa exigencia ancestral no se puede tatuar también el objeto? ¿Por qué no hacerlo único como su dueño? Crear un diálogo más íntimo y profundo entre el yo y el objeto libera una nueva comunicación que pone en mayor armonía los objetos que amueblan nuestro entorno, identificándolos como una proyección de nuestra conciencia Los objetos se convertirán en emblemas de una espiritualidad de las cosas, vistos en su esencia y no solo en su uso y aspecto. Una nueva alquimia...por quien exige más de un simple objeto de decoración.