Nuestros productos son nuestra filosofía

Este catálogo quiere ser un homenaje a la metafísica y, al mismo tiempo un lenguaje concreto para amueblar el espacio. Hemos querido desconectar la corriente del realismo descriptivo, característica de la mayoría de los catálogos, para seguir las rutas más profundas de la sugestión, del color y de las formas puras. La alusión a las escenas y a los arcos, que se refieren a las obras del Maestro De Chirico y Turrell, impregnan todo el catálogo tanto en la visión concreta de lo shooting in location, como en la percepción abstracta e interior de la foto still-life.

Todo esto lleva a ver las cosas por primera vez, dejando al observador la emoción de algo no completamente revelado. De hecho, el design, no es solamente algo visual, es un proceso cognitivo que mira a mejorar la experiencia humana. Nuestro objetivo es dar importancia a la gente mediante los objetos de uso cotidiano. El objeto encierra una capacidad evocativa especial que se maximiza a través de la empatía de las formas adecuadas para conferir una sensación de bienestar y serenidad.

Las personas se comportan en maneras diferentes en relación al espacio en que se encuentran; es la forma en que nos percibimos en el espacio que puede satisfacer o no las necesidades de nuestro subconsciente, siempre tendiendo a la búsqueda del equilibrio y el bienestar.

Por esta razón hemos elegido un enfoque humano al design y no solamente exterior. Cada uno de nuestros productos está diseñado por eso: tiene su propia filosofía, su propia génesis y su propia función. Los espacios funcionales son espacios expresivos en los cuales funcionan las emociones. Nosotros, como individuos, alcanzamos el espacio y sus determinaciones a través de los sentidos, las percepciones. Por esta razón, hacemos elecciones cualitativas de materiales que son capaces de sugerir al tacto y la vista aquella sensación de placer que solo el buen diseño conlleva.

Cada forma, material, tejido, color, está diseñado para conseguir un resultado directo y tangible: la satisfacción del individuo en el espacio, en el escenario de las propias exigencias. Los materiales utilizados desvelan la verdad sobre ese producto, los materiales nos golpean, nos acarician y revelan información sobre el objeto. Cuidar el espacio que nos rodea significa rendir homenaje a nosotros mismos y a aquellos a quienes amamos, cuidamos, alojamos y con los cuales trabajamos y vivimos. Esto es el escenario más allá de la física del objeto. Cada producto llega a ser una metáfora de su exigencia, de su función. Por lo tanto, cada vez que desarrollamos un producto, no desarrollamos solo un objeto en el espacio sino una experiencia sensorial y, por lo tanto, emocional.

Nos gusta llamarla: ergonomía del alma.